miércoles, 5 de noviembre de 2014

La reforma educativa se encuentra comprendida por dos términos bien diferenciados entre sí. El primero de ellos, se encuentra vinculada con la acción y efecto de reformar o reformarse. Como verbo su significado es modificar o enmendar algo; se utiliza por ejemplo para referirse a la restitución de una orden religiosa a su disciplina primitiva.
El segundo concepto, hace referencia a lo que pertenece o es relativo a la educación; siendo ésta la forma en la que se denomina el proceso de socialización de las personas. A través de la educación, las personas asimilamos y aprendemos conocimientos, desarrollando una concientización conductual y cultural.
 La reforma educativa debería impulsarse a partir de un amplio consenso social, ya que la educación atañe a toda la sociedad  y nunca debe depender de una ideología o del gobierno de turno. Cuando la reforma educativa obedece sólo a los intereses de la autoridad del momento, suele tratarse de un emprendimiento político para difundir una visión sesgada de la realidad y para formar a las nuevas generaciones de acuerdo al mensaje dominante.
Más allá del componente político, la reforma educativa puede llevarse a cabo para actualizar los métodos de enseñanza y para adecuar las asignaturas a los tiempos actuales. La inclusión de Internet y de herramientas digitales en la enseñanza es una de las innovaciones presentes en la mayoría de las reformas educativas que se impulsan en la actualidad. La “reforma estructural a la educación” implica un proceso de creación de instituciones, de transformación de varias existentes, pero sobre todo implica adoptar definiciones, responder como sociedad preguntas fundamentales como para qué educamos, qué se enseña o cuál es el carácter de la educación pública. El sentido de la reforma será relevante porque tendrá efectos concretos sobre la realidad. De ahí que, más allá de las lógicas gradualidades, estas deben sí o sí apuntar hacia un horizonte claro, que no es otro que aquel que el movimiento estudiantil y la ciudadanía en general ha asumido como propio: una educación como derecho social y no como objeto de negocio.
 En  Chile  es imprescindible  el  cambio en el paradigma  educacional, mejor  dicho en  la  praxis , y  con las  reformas que  hoy  ofrece  el  gobierno, muestra que  existe  una  pequeña  posibilidad  de  llegar  al  cambio de estos  , a la  modificación del  actuar  de  los  encargados  de  dirigir  la  educación,  sin embargo  no es  más  que  una  gran  promesa  experimental formulada  desde  supuestos  ya  que  no  sólo  con manejar  la  cifra  de  niños  sin  educación  es  posible  realizar  un proyecto de  la  envergadura  que  Chile  quiere  realizar,  además  no se  combaten  los  temas que  realmente se  necesitan  tratar, como  la  pobreza  en  la  metodología  de  enseñanza,  el porcentaje  de profesores  desmotivados  incumpliendo  funciones,  el  des amor  por  la  educación y la  perdida  de  la  vocación  en la pedagogía, pero no es  menos  la  intención  de  cambiar  las  cosas, ya que  es  verdad  que  hace  falta  dejar  de lado la  segmentación educacional, fin  al  lucro; tema  que  debería  estar  zanjado para  nuestros  tiempos, co-pago ; terminología  nueva, no deja  de ser  una  burla  para  todos  los  chilenos, que,  se supone  verán beneficiados  con estos  cambios  ya que  la  necesidad  es  hoy , y la promesa  es  ver  avances  claros  dentro de  10  años  más…
El ministro sostiene que “la educación pública es lo que esencialmente define los contornos de un país”, mientras que la educación privada “es subsidiaria”. Lo anterior, más allá de la fraseología de buena crianza, continúa en un plano excesivamente ambiguo para definir el carácter público de una institución. Entender la educación como un derecho social y a la enseñanza pública como su tronco central, implica construir un modelo en que las instituciones estén basadas en la demanda democrática que las funda. Desde esta lógica, difícilmente podría considerarse plausible que pueda financiarse una institución que, en primer lugar, no rinda cuentas frente a su propia comunidad, escogiendo democráticamente a sus autoridades y generando espacios de participación y control por parte de los actores de su comunidad. Y, en segundo término, tampoco puede concebirse como tal a una institución que no responda frente al país, sometiéndose al control financiero de la Contraloría General de la República, y orientando su investigación, docencia y extensión, hacia las necesidades del país y no simplemente hacia la acumulación inconexa de papeles para fortalecer posiciones en el ranking internacional que esté de moda. Aquellas resultan cuestiones de sentido elemental para recién comenzar a abrir este debate.
Mejorar la educación municipal y el perfeccionamiento de los profesores es prioridad. Le siguen gratuidad en la educación superior, fin al lucro, al copago y a la selección.
Pero para los chilenos las principales prioridades relacionadas a la Reforma Educacional son: mejorar la educación municipal y el perfeccionamiento de los profesores.
9 de cada 10 consultados (88,8 por ciento) cree que la Reforma Educacional es “necesaria” en Chile.  Claro está  que  Chile  pide  cambios en  materias educacional, por  lo que  es inevitable  llegar  a  estudiar la  reforma que  el gobierno nos  ofrece ,opinar sobre lo que vemos . lo que  nos  entregan y lo que  realmente  necesitamos,  es difícil  encontrar las  respuestas  o soluciones  exactas; más  aún  si  tenemos  la posibilidad  de observar de  cerca  el sistema público y visualizar las  reales  necesidades que  en  ellos  se  manifiestan pensar que un país  va a cambiar su educación con simples  propuestas  es  de ilusos ya que  en ello  juega  un rol  fundamental  la  crianza  que  le  damos  a nuestros  hijos.

De ahí que resulta fundamental para los tiempos que vendrán tener un horizonte claro, que sea como una brújula que permita navegar a través de la reforma, permitiendo diferenciar qué aspectos constituyen efectivamente avances y cuáles, en cambio, responden a meros gatopardismos orientados a dejar todo como está. Así pues, una reforma cuyo centro sea el desplazamiento del sentido mismo de la educación desde un bien de mercado hasta un derecho social, debe saber que todos los metros que retroceda el mercado serán avances para ensanchar la democracia.